Miguel Sainún Nozar

Economista, escritor y mentor, Miguel Sainún Nozar

Miguel Sainún Nozar, economista, escritor y mentor, con una mirada especial sobre el rol del emprendedor en la construcción del futuro.


Gigantescas fuerzas luchan por la supremacía global, en un mundo donde la única certeza es que todo debe cambiar. En el horizonte apenas perceptible de los tiempos venideros, la guerra inesperada entre Rusia y Ucrania añade nuevas e indeseables incertidumbres en el camino de la humanidad hacia la construcción de un futuro sin problemas y en armonía con los deseos de sus habitantes.

En la percepción de la mayoría de los analistas internacionales, el 23/02/2022 cuando Ucrania fue invadido, la Carta de las Naciones Unidas, la Constitución del Mundo, fue destrozada y su principios más queridos violados por uno de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial – Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido – que forman parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, máximo órgano de la organización, cuya principal misión es “velar por la paz, la seguridad y la armonía entre todas las naciones”.

Este principio básico fue ignorado por Rusia o, más bien, por su líder dictatorial el que, con un efecto cascada, de una forma u otra, voluntariamente o no, con mayor o menor intensidad, hace que todos sean afectados por este cataclismo en las relaciones entre naciones.

Peor aún: la historia enseña que las poblaciones más vulnerables pagarán la mayor parte de esta factura creada a la sombra de la insensatez humana.

En este convulso escenario, China irrumpe para sumarse a los esfuerzos de mediación de los principales líderes europeos que trabajan para el final del conflicto.

De hecho, el gigante asiático ha buscado mantenerse en una posición de neutralidad, solo enfatizando principios importantes para la coexistencia pacífica entre países, tales como la autonomía, el respeto a la integridad territorial y la resolución de conflictos a través de las negociaciones.

Está claro que China tiene las credenciales para ejercer una influencia positiva y contribuir a el final de esta pesadilla, aunque sólo sea en el papel de “amigo unido por lazos indestructibles” en la expresión del presidente ruso en su último encuentro virtual con Xi Jinping, en diciembre/2021.

Pero también porque es uno de los países más poderosos del planeta, tanto desde el punto de vista económico, como militar, científico y tecnológico. No es posible olvidar que en las últimas cuatro décadas, China ha experimentado una transformación dramática y sustancial al pasar de una economía que obedecía a los principios del comunismo ortodoxo para una nueva fase llamada “socialista de mercado” con el objetivo de extraer lo mejor de ambos sistemas sin perder de vista la necesidad de mantener el equilibrio de fuerzas que hasta entonces se consideraban antagónicas y naturalmente excluyentes.

En la actualidad, lejos de los años en que el país compartía con la India la triste condición de albergar al mayor número de pobres y hambrientos del planeta, hoy China asume un posición de liderazgo – es la 2da. economía más grande del mundo, solo superada por EE.UU. – y no hay duda de que, de muchas maneras, ha afectado el equilibrio mundial imperante en el siglo XX e indiscutiblemente, haciendo que la balanza de producción de la riqueza se incline hacia Asia.

Entonces, no es difícil predecir que, con su habilidad milleniaria, este buscando un papel en protagonista en este conflicto, una mano al volante para consolidar su importancia y poder, entre los 500 millones de habitantes afligidos del continente europeo.

Los intereses económicos y geopolíticos de China se ejemplifican en su posición como principal exportador a la Unión Europea, donde en 2021 más de 4.400 trenes llevaron mercancías de las lejanas tierras del dragón.

Y no menos importante, donde también aparecen rutas imprescindibles del colosal proyecto chino “The Belt and Road Initiative”, el sello distintivo del estilo impulsado por la globalización del gigante asiático, recordando y ampliando la mítica Ruta de la Seda que más de 1.000 años atrás era la principal vía de unión entre civilizaciones lejanas.

China quiere, como nadie, la paz en Europa. Porque eso significa negocios, de los cuales, como ningún otro país, puede extraer beneficios que consoliden su preeminencia mundial.

Ya veremos. Las enigmáticas sonrisas de los hijos del dragón, siempre esconden sorpresas.

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